1 Nazahn

Florentino Y El Diablo Analysis Essay

Contenido

* Introducción
* Origen de la leyenda
* Transcendencia del autor
* Características y Diferencias
* Anexos
* Conclusión
* Bibliografía

Introducción

El trabajo que presentare a continuación es sobre la mítica leyenda venezolana de florentino y el diablo que fue recopilada por Alberto Arvelo Torrealba

Origen de la leyenda

Aparentemente la leyendade florentino nace del deseo del hombre llanero el cual buscaba crear con orgullo un personaje que representase todo el patrón social y virtudes que el mismo posee.
Según la tradición popular llanera, extendida a lo largo y ancho de la planicie colombo-venezolana, se contaba sobre que Florentino era un hombre de los que no conocían el miedo y sentía gran placer al enfrentarse al peligro, fielconocedor de los atajos del llano, inigualable en cada faena, excelente jinete, domador y coleador de amplio llano, amigo de las fiestas y parrandas. En una fiesta llanera, para repicar un zapateo, no era renco ni medroso y en el contrapunteo era un maestro.

Transcendencia del autor

Alberto Arvelo Torrealba Fue un poeta del llano y el más notable de cultor del nuevo nativismo venezolano, DesdeCantas su primer libro(1932), hasta Glosas al Cancionero, el último(1940), mantuvo una maestría indiscutible en la recreación de una temática popular propia de los llanos venezolanos, dándole categoría estética a la copla, a la décima y al romance criollo y rescatando fecundos motivos de nuestro folklore para la función culta de la poesía , Lo importante de Arvelo Torrealba, es un sentimiento paraser compartido por quien ya conoce los cantos y romances. Desde el barines al tachirense. Hasta llegar incluso al chileno o argentino. Esparciéndose así el espíritu recio y astuto del llano por gran parte de américa latina y el mundo.

Características y Diferencias

La leyenda de florentino y el diablo consta de 3 versiones escritas por Alberto Arvelo Torrealba (que realizo 3 ediciones de lahistoria), Rómulo gallegos (autor que es reconocido como uno de los más grandes escritores latinoamericanos y cuya versión de la historia de florentino se llama ‘’cantaclaro’’) y por German fleitas beroes. ( Su versión de la historia es una poesía llamada ‘’la majada del diablo’’).
Las versiones de Torrealba, gallegos y beroes se diferencian enormemente, eh aquí algunas de las diferencias:Lugar y tiempo

La versión de Torrealba: la historia se desarrolla en el estado barinas, específicamente en santa Inés. Durante la juventud de florentino.

La versión de gallegos: la versión de gallegos se ubica en el estado apure y abarca desde la infancia de florentino hasta su juventud donde conoce a Martin salcedo, juan parao, juan el veguero, rosangela, el doctor payara, entre otros…

Laversión de beroes: esta versión es ubicada por beroes en el estado Guárico en calabozo. Y la misma transcurre cuando florentino ya envejecido cuenta su historia en una fiesta mediante las coplas a varios incrédulos que no la creían.

Personajes principales

Florentino y el Diablo: aquí solo se presentan a florentino que es un coplero que anda cabalgando por en medio de la sabana y va a saciarsu sed en el caño de las animas, donde mismo se encuentra al diablo que lo reta a un contrapunteo en santa ines, y al diablo junto con otros personajes secundarios de los que solo se hacen referencias superficiales.

Cantaclaro: en cantaclaro se presentan una gama enriquecedora de personajes en los que principalmente se encuentran florentino coronado ‘’quitapesares’’ o como le dicen también‘’cantaclaro’’, rosangela payara hija adoptiva del doctor Juan Crisóstomo payara (el cual ella piensa que es su padre verdadero por un tiempo) el cual participo en la guerra y fue comandante de una división., juan parao que había sido cuatrero de la sabana y que luego trabajo para payara como su caporal. , juan el veguero que era un hombre que vivía junto a su esposa en la más absoluta miseria…...

Leyenda de Florentino y El Diablo

No sin cierto orgullo, por encontrar en su genealogía social patrones del coplero Florentino, que son los propios del hombre de sabana. Cuenta la tradición popular en boca de los viejos llaneros, extendida a lo largo y acho de la planicie colombo venezolana, que Florentino era un hombre de los que no conocían el miedo y sentían gran placer al enfrentarse al peligro, fiel conocedor de los atajos y vericuetos del llano, inigualable en cada faena, buen jinete, domador y coleador de amplio llano, amigo de las parrandas. En una fiesta llanera, para repicar un zapateo, no era renco ni medroso y en el contrapunteo ni el mismo Satanás pudo comparársele.

La leyenda de Florentino y el diablo es considerada como uno de los sublimes monumentos líricos del pueblo venezolano, con más de 35 versiones populares y otras muchas corregidas y ampliadas por el propio escritor durante más de 25 años, entre las que podemos citar las de 1940, 1950 y 1957. Interpretaciones populares que referencian el embrujo mágico por los versos octosílabos de Torrealba y que la convierten, sin lugar a dudas, en la composición poética más difundida, "popularizada" y enaltecida del folclor del inmenso llano colombo-venezolano.

La leyenda de florentino y el diablo es un referente categórico del torrente mítico que riega el extenso escenario común de nuestros imaginarios, y es una muestra de que tenemos indelebles vínculos de hermandad en la cultura.

 Audio de Florentino y el Diablo

Florentino Y El Diablo

Alberto Arvelo Torrealba

(Versión final de 1957)

  • El Reto

    El Reto

    El coplero Florentino por el ancho terraplén caminos del Desamparo desanda a golpe de seis. Puntero en la soledad que enlutan llamas de ayer, macolla de tierra errante le nace bajo el corcel. Ojo ciego el lagunazo sin junco, garza ni grey, dura cuenca enterronada donde el casco da traspié. Los escuálidos espinos desnudan su amarillez, las chicharras atolondran el cenizo anochecer. Parece que para el mundo La palma sin un vaivén. El coplero solitario vive su grave altivez de ir caminando el erial como quien pisa vergel. En el caño de Las Animas se para muerto de sed y en las patas del castaño ve lo claro del jagüey. El cacho de beber tira, en agua lo oye caer; cuando lo va levantando se le salpican los pies, pero del cuerno vacío ni gota pudo beber. Vuelve a tirarlo y salpica el agua clara otra vez, ávido sorbo susurran los belfos del palafrén; dulce rosario destila del empapado cordel; más sólo arena sus ojos en el turbio fondo ven. Yermo la frente, el suspiro doblada espiga sin mies, la sabia ardiendo en la imagen de nunca reverdecer, mirada y rumbo el coplero pone para su caney, cuando con trote sombrío oye un jinete tras él. Negra se le ve la manta, negro el caballo también; bajo el negro pelueguama la cara no se le ve. Pasa cantando en romance sin la mirada volver: "En la negra orilla del mundo se han de hallar de quien a quien aquel que ve sin mirar y aquél que mira sin ver. "Cuando esté más hondo el río aguárdame en Santa Inés, que yo lo voy a buscar para cantar con úste. "Soy retador de juglares desde los siglos del rey. Le sobra con esperarme Si me quiere conocer." Mala sombra del espanto cruza por el terraplén: hacia mármoles de ocaso se alarga como un ciprés Jinetes de lejanía acompañan en tropel; La encobijan y la borran Pajas del anochecer. La palma en la luz agónica centra pávido ajimez. Florentino taciturno coge el banco de través. Puntero en la soledad que enlutan llamas de ayer, caminante sin camino, resero si una res, parece que va soñando con la sabana en la sien. En un verso largo y hondo se le estira el tono fiel, con su América andaluza en lo español barinés: "Sabana, sabana, tierra que hace sudar y querer, parada con tanto rumbo, con agua y muerta de sed. Una con mi alma en lo sola, una con Dios en la fe; sobre tu pecho desnudo yo me paro a responder: sepa el cantador sombrío que yo cumplo con mi ley y como canté con todos tengo que cantar con él.
  • Santa Inés

    Santa Inés

    Noche de fiero chubasco por la enlutada llanura, y de encendidas chipolas que el rancho del peón alumbran. Adentro suena el capacho, afuera bate la lluvia; vena en corazón de cedro el bordón mana ternura. No lejos asoma el río pecho de sabana sucia. Inmóviles carameras Pávidos brazos desnudan. Escombros de minas lóbregas El trueno arrastra y derrumba. Más allá coros errantes, ventarrón de negra furia, y mientras se duerme el son y en las cuerdas vagabundas el rayo a la palma sola le tira señeras puntas. Canta una voz sabanera Con el pensamiento pura, Por la ilusión cristalina, Por el aguardiente turbia: "Piqué con la media noche cimarroneras en fuga: le eché soga a un orejano y enlacé la media luna. "Después cruzando sediento sobre la arena desnuda vide la tierra estrellada con lirios de primer lluvia. "Y como si todo fuera por caprichos de fortuna, le abrí mi lazo al amor: sólo enlacé la amargura. "Desde entonces en mi libro hay no más que dos pinturas: el chaparro en la candela y el pimpollo en la garúa. "Por eso sé distinguir en los ayes que te cruzan, montañas de Santa Inés, clamor de la gente tuya: "Fusileros federales en godas cabalgaduras anunciando la pelea: la del siempre con el nunca." Súbito un hombre en la puerta: indio de grave postura, ojos negros, pelo negro, frente de cálida arruga, pelo de guama luciente que con el candil relumbra, faja de hebilla lustrosa con letras que se entrecruzan, mano de sobrio tatuaje, lunar de sangre en la nuca. Un golpe de viento guapo le pone a volar la blusa, y se le ve jeme y medio de puñal en la cintura. Entra callado y se apuesta para el lado de la música. Dos dientes de oro le aclaran la sonrisa taciturna. "Oiga vale, ese es el Diablo" -La voz por la sala cruza- "Fíjese cómo llegó, sin cobija ni montura, planchada y seca la ropa con tanto barrial y lluvia, alpargatas nuevecitas, relucientes de negrura. "Dicen que pasó temprano, como quien viene de Nutrias, con un oscuro bonguero por el paso de Las Brujas." Florentino está silbando sones de añeja bravura y su diestra echa a volar ansias que pisa la zurda, sol menor de soledades que los dedos desmenuzan, cuando el indio pico de oro con su canto lo saluda: El Diablo Catire quita pesares, contésteme esta pregunta: ¿Cuál es el gallo que siempre lleva ventaja en la lucha y aunque le den en el pico tiene picada segura? Florentino Tiene picada segura el gallo que se rebate y no se atraviesa nunca, bueno si tira de pie, mejor si agarra en la pluma. El Diablo Mejor si agarra en la pluma. Si sabe tanto de todo diga ¿cuál es la república donde el tesoro es botín sin dificultá ninguna? Florentino Sin dificultá ninguna la colmena en el papayo, que es el palo de blanda pulpa: el que no carga machete saca la miel de las uñas. El Diablo Saca la miel de las uñas. Respóndame la tercera si contestó la segunda: ¿Cuáles son los cuatro ríos que llevan la misma ruta, silentes si no los pasan, sonoros cuando los cruzan? Florentino Sonoros cuando los cruzan. La cuatro cuerdas del cuatro en pecho de quien las pulsa: salpica el tono en el traste como en la piedra la espuma. El que interroga se enreda en sus propias conjeturas si el que aprendió a responder juega con la pregunta. El Diablo Juega con la pregunta. Defiéndase de la cuarta Si tiene tanta facundia: ¿Quién sin látigo ni espuela, jinete, la marcha apura sobre el que no da caballo pero sí puede dar mula? Florentino Pero sí puede dar mula. Esa pregunta retrata en pelo como en jamugas al muchacho que va al trote y acelera por la grupa si le hace al burro cosquillas donde fue la matadura. El Diablo Donde fue la matadura. Le prevengo que la quinta Lleva veneno en la punta: Dígame si anduvo tanta sabana sin sol ni luna: ¿quién es el que bebe arena en la noche más oscura? Florentino En la noche más oscura no ando escondiendo mi sombra ni me espanto de la suya. Lo malo no es el lanzazo, sino quien no lo retruca. Sobre los suelos errantes, bajo la sed de las dunas, por la ribera del mar y en la mar de las llanuras cuando se quema hasta el aire y se tuesta la laguna tiene que beber arena el que no bebe agua nunca. El Diablo El que no bebe agua nunca. no me termine el velorio, ligando el café con brusca, que murciélago no es pájaro ni papelón es azúcar. Si sabe, dé su razón; y si no, no dé ninguna ¿Quién en el zumo salobre de la zábila se endulza? ¿Quién mitiga el fuego amargo en jagüey de arena pura? ¿Quien mata de sed sin agua en la soledad profunda? Florentino En la soledad profunda el pecho del medanal, el romance que lo arrulla, la conseja que lo abisma, el ánima que lo cruza, el humo que lo encobija, el soplo que lo desnuda, la queja que lo salmodia, la candela que lo enluta, la palma que lo atalaya, el lucero que lo alumbra, la esperanza que lo siembra, el dolor que lo fecunda. ¿Qué culpa tengo señores si me encuentra el que me busca?
  • El diablo cambia de rima

    El Diablo cambia la rima.

    El Diablo Si me encuentra el que me busca el susto lo descarrea. Falta un cuarto pa la una cuando el candil parpadea, cuando después del chubasco la rama triste gotea, cuando el espanto sin rumbo con su dolor sabanea, cuando el ñénguere da el tono y la guacaba solfea, cuando mi aliento es la mar y mi grito es la marea, cuando Florentino calla porque se le va la idea, cuando canta la pavita, cuando el gallo menudea. Florentino Cuando el gallo menudea la garganta se me afina y el juicio se me clarea como el agua manadora que alumbrando gorgotea. Con la lección del turpial pulo el canto de pelea; y con la del espinito que en ceja e´ monte florea la doy aroma al que pasa y espino al que me menea. El Diablo Espino al que me menea. No le envidio al espinito las galas de que alardea: cuando la candela pasa la plata se le negrea; creciente inunda su sombra, hormiga lo amarillea cigarrón chupa sus flores, bachaco anida en su brea, verano le tumba la hoja, huracán lo zarandea. Florentino Huracán lo zarandea. el asta siempre está firme cuando el pabellón ondea. Si el despecho lo atolondra tómese esta panacea prefiero entenderle al mundo y no al que tartamudea. Loro con ala cortada es el que más aletea. ¡Quién ha visto un indio en Guayana lavando oro sin batea! ¡Quién ha visto peón de llano que ni enlaza ni colea! Le dijo la negra Clara A la catira Matea: "Si no va a comprar los gofios, ¿pa que me los manosea?" Yo que le atravieso el golpe y el arpa que bordonea. El Diablo Y el arpa que bordonea. si porque tuerce clavijas presume tanta ralea, ya no le voy a enseñar cómo el traste se puntea, haciéndole las escalas en fusa y semicorchea. También le araño la armónica por muy abajo que sea, como le subo quintales sin mecate y sin polea y le conozco el gritico del que eriza y cacarea. Gallero que entiende su arte amolando se recrea: sabe que con bulla de ala no se cobra la pelea; se cobra con puñalada cuando la sangre chorrea, cuando el vencedor se empina y el vencido patalea. Vaya poniéndose adelante Pa que en lo oscuro me vea. Florentino Pa que en lo oscuro me vea. No arrime tanto el caballo, Que el toro se le chacea. Por derecho le salí como le toca al que arrea y usté va por travesía cuando no me culebrea. Atrás y alante es lo mismo Pa el que no carga manea: el de atrás coge respiro cuando el de alante jadea, el que va atrás ve pa delante y el que va alante voltea. El Diablo El que va alante voltea. a gritarle que se apure a quien nunca se aparea y a contemplar lo que sube borrando lo que verdea: en invierno el aguazal, en verano la humarea. Me gusta cantar al raso de noche cuando ventea, cuando presagian diluvio los sapos en la asamblea, y sus sones disonantes colman la oscura platea, porque así es como se sabe quién mejor contrapuntea. Florentino Quién mejor contrapuntea hace sus tratos de día y trabaja por tarea, sin andar averiguando si el caballo corcovea ni si el patrón tiene atajo y donde lo veranea, ni los ungüentos del brujo faculto en farmacopea con nervios de terecay y corazón de hicotea, ni si se roba el novillo el que lo cachilapea, ni quién desuella la vaca ni quién pica la correa, ni quién siembra los guayabos, ni quién saca la jalea, ni adónde diablos va a dar la bala que chaflanea. "Cójame ese trompo en la uña, a ver si lo tataratea." Ni que yo fuera lechuza en campanario de aldea para cantar en lo oscuro con esta noche tan fea. El Diablo Con esta noche tan fea El destino de mi sombra Con el suyo se carea. La ley por la que yo cobro, si el fallido regatea, echándosela de libre el que nación con librea, ni da plazo, ni da quita, ni avala ni prorratea. No se cancela en un día lo que por vida flaquea. Mercaderes del milagro contra huracán y marea besan el escapulario cuando el bongo se voltea. Se acuerdan de Santa Bárbara sólo si relampaguea. Florentino Sólo si relampaguea. se le ve lo mal que canta por lo bien que sermonea. Estúdiese esta cartilla a ver si la deletrea: el barco en mitad del río, el humo en la chimenea, el pozo en el morichal donde el suspiro sombrea. A la luz de la razón no hay bulto que yo no vea aunque usted con su malicia levante esa polvarea. Siendo bien mansa la mula No importa si lo patea.
  • Clopero que canta y toca.

    Coplero que canta y toca.

    El Diablo No importa si lo patea. Una cosa piensa el burro y otra el que no se apea. ¡Ay!, catire Florentino escuche a quien lo previene: dele tregua a la porfía porque tome y se serene, para que el ron le dé alivio y el dolor no lo envenene cuando el lóbrego eslabón de la sombra lo encadene. Florentino De la sombra lo encadene. por mi suerte no se apure ni por mis males se apene, porque yo nunca he metido mi cuchara en sus sartenes. Aunque de veras le guste la caña con kerosene, y el manto de agua lo guise y la iguana la rellene, no me importa lo que tome, señor, ni con lo que cene. Me es igual si se me calla O la inspiración le viene. El Diablo O la inspiración le viene. Inspiración se marchita en quien humor se reviene. discurso fino en lisonja asegura parabienes. Arte sin pueblo se esfuma Como el humo de los trenes: sólo con huella en lo que arde levanta polvo en las sienes, como ala de remolino torcida en los terraplenes. Florentino Torcida en los terraplenes, orillas de verde Arauca llamaradas se detiene y espantados de lejura relinchan los palafrenes. Burro no toca flauta ni que la flauta le suene a mí nunca me atajaron en resguardos ni retenes. Mostrencos como orejanos yo los distingo entre cienes. El que lleva contrabando no pisa mis almacenes. El Diablo No pisa mis almacenes. En comercio no se sabe quién les da lección a quiénes: si el que registra escritura donde traspasa sus bienes, o quien queda propietario, amo de lo que no tiene. Ni chanzas dicen amores, ni serenidad son desdenes. Veremos si no le falla la voz cuando se condene. Florentino La voz cuando se condene. Mientras el cuatro me afine y la maraca resuene, no hay espuela que me apure ni bozal que me sofrene, ni quien me obligue a beber en tapara que otro llene, ni me haga arrollar las mangas habiendo tantos jejenes. Coplero que canta y toca justa ventaja retiene: toca cuando le da gana, canta cuando le conviene. El Diablo Canta cuando le conviene. si su destino es porfiar aunque llueva y aunque truene, le voy a participar, amigo que en este duelo yo no le vengo a brindar miel de aricas con buñuelo; vengo a probarle quién soy por los bloques que cincelo, por los filos que he amellao y por los lomos que amuelo. Yo le confirmo lo fallo Y lo afirme se lo apelo. Si se pone malicioso no me extraña su recelo, que al que lo mordió macagua bejuco le para el pelo. Florentino Bejuco le para el pelo. Regaños no son castigos ni guáimaros caramelo. Usté anda en su trapiche Y yo mi caña la muelo. Entre cantadores canto, entre machos me rebelo, en quien sabe me confío y del que no me conduelo, entre palos no me gusta por lo vidrioso el ciruelo, entre mujeres me sobra muselina y terciopelo: cuando una me dice adiós a otra le pido consuelo, si una me niega bizcocho otra me da bizcochuelo. Desde cuando yo volaba paraparas del rayuelo vide con la noche oscura la Cruz de Mayo en el cielo. El Diablo La Cruz de Mayo en el cielo. A mí no me espantan sombras ni con luces me desvelo: con el sol soy gavilán y en la oscuridad mochuelo; familia de alcaraván canto mejor cuando vuelo; voy como el garzón gabán por el humo contra el suelo, si pico como alacrán, pregona el ¡ay! Lo que duelo; también como la guabina si me agarra me le pelo. Le ronco de palo en palo Como el araguato en celo, también soy caimán cebao que en boca e caño lo velo. Florentino Que en boca e caño lo velo. Velando al que nunca pasa El vivo se quedó lelo. Me acordé de aquel corrío que me lo enseñó mi abuelo: "al que me pone la barba lo raspo de contrapelo". Para pájaro mañoso munición en el revuelo, para caimán el arpón para guabina el anzuelo, patiquín que estriba corto no corre caballo en pelo. ¿Con qué se seca las lágrimas el que no carga pañuelo? ¿Pa qué se limpia las patas el que va a dormí en el suelo?
  • Albricias pido señores

    Albricias pido señores.

    El Diablo El que va a dormí en el suelo pega en la tierra el oío: si tiene el sueño liviano nunca lo matan dormío. Los gallos están cantando, escúcheles los cantíos, los perros están aullando, recuerde lo convenío. "zamuro de la Barrosa, del alcornocal del frío, albricias pido, señores, que ya florentino es mío". Florentino Que ya Florentino es mío. Pacto sin consentimiento Es palabra sin sentío. ¡Ñéngueres de Banco Seco! ¡Tarotaros del pionío! Presénteme no más las alas Pa´que no pare el corrío, que parado vi al inerme y corriendo al aguerrío. Si usté dice que soy suyo será que me le he vendío; si me le vendí me paga, porque yo a nadie le fío. yo no soy rancho veguero que le mete el agua al río. yo no soy pájaro bobo pa estar calentando nío. El Diablo pa estar calentando nío. No sé si es pájaro bobo pero va por un tendio con la fatiga del remo en el golpe mal medío; y en la orilla del silencio se le anudará el tañío cuando yo mande a parar el trueno y el desafío. Florentino El trueno y el desafío. yo con el que no conozco ni me enserio ni me río, y me tienen sin cuidao arrestos del presumío, porque hoy con gloria de ayer no se enraiza poderío. Barranca en terreno propio Es mejor que hato en baldío. laudo que ordena despojo libera al comprometío. Dígale a quien da lo ajeno Que me dé no más lo mío. El Diablo Que me dé no más lo mío. lo suyo es deuda probada con un pagaré vencío. Por eso llegue temprano Y mi deber lo he cumplío: atropellarle el cansancio y frenarle el desvarío, como si se fuera yendo mucho antes de haber venío; pa que no vuelva a olvidar ni el invierno ni el estío, que hoy siendo ayer de mañana mañana de ayer ha sío. Florentino Mañana de ayer ha sío. A mí lo mismo me dá tempranero que tardío, Que el tarde siempre es temprano Pa quien canta amanecío. Me gusta escuchar el rayo Aunque me deje aturdío, Me gusta correr chubasco Si el viento lleva tornío. ¡Aguila sobre la quema, reto al toro bravío! ¡Música de los palmares por donde no anda el gentío! ¡Limpios dedos de la sombra pulsando al mundo dormío! Cuando esas voces me llaman siempre les he respondío. Como me puede callar coplero recién vestío, gastándose una garganta tan rebuena... pa un resfrío! El Diablo Tan rebuena pa un resfrío. Aunque me llame la burla mi rumbo no lo desvío: Mano a mano y pecho a pecho Ando atizándome el brío con el fuego del romance que es don de mi señorío. Yo soy quien soplé ceniza en las mieles del labrantío; y cuando perdí a mi luto cinta del mal florecío, ni me olvidé del recuerdo ni me acordé del olvío. Florentino Ni me acordé del olvío. Orillas del olvidar recorro mis tiempos íos: Cuando poblaban cocuyos a las tinieblas del río, y en los quebrantos de arena con sed de cinco sentíos iba zurciendo chaparros cordón de luz con rocío. Hoy me pongo a inventariar la hacienda que no he vendío: voluntad que enciende rumbo, querencia que apaga hastío, pensamiento que campea de sol a sol florecío. Me queda lo que he enseñao Perdiendo lo que he aprendío. El Diablo Perdiendo lo que he aprendío. Me dío el viento su alma errante, la nube su alero umbrío, su desamparo el desierto, la tempestad su alarío. Relámpagos que alumbraron desde el horizonte ardío nariceando cimarrones y sangrando a los rendios con la punta e mi puñal que duele y da escalofrío. Florentino Que duele y da escalofrío. Dame campo, pensamiento, y dame rienda, albedrío, pa ensañarle al que no sabe y nunca lo ha comprendío cuanto espacio inmenso cabe sobre un frente tendío. Cimarrones hay que verlos, de bueyes no le porfío; escalofríos son miedo, miedo que nunca lo he sentío; puñal sáquelo si quiere, a ver si repongo el mío. duele lo que se perdió cuando no se ha defendío. El Diablo Cuando no se ha defendío, lo que se perdió no importa si está de pies el vencío porque el orgullo indomable vale más que el bien perdío. Por eso a usted me lo llevo, centellas por atavío, el bongo de veinte varas que tiene un golpe sombrío más profundo y más amargo que ayes del viento y del río: rumbo y destino la nada, pura peña por avío. en la negra madrugada, lejano el amanecer, se le olvidó a Florentino la copla del terraplén. Emboscada Florentino La copla del terraplén. Bordones de arpa realenga la engarzan hoy como ayer a las tonadas del Apure y a este golpe barinés que lo silban los turpiales en la boca del pagüey. El Diablo En la boca del pagüey les entro a los remolinos con el timón al revés, y al rompe sé si el aguaje es de tronco o es de pez. Por las vueltas y los chorros llevo el bongo sin vaivén. Florentino Llevo el bongo sin vaivén. Así la leyenda cruzan cantares de buena ley. Romance de mil caminos, rosal del marchito pie: Cómo perfuma los siglos tu rosa sin marchitez! El Diablo Tu rosa sin marchitez le encarna en color ni espina quien la pinta sin pincel. Por fin le escucho palabra que suspiro yo también cuando siento la dolida tentación de florecer. Florentino Tentación de florecer. El jazmín del espinito besó la tierra y se fue, desde la salida de aguas hasta que empezó a llover, cuando puntea el rocío el pasaje del clavel. El Diablo El pasaje del clavel. Esa música no se oye donde el verde no se ve: Las garúas cristalinas Sólo son para el vergel; Para el yermo y los pesares, Soplo de impávida sed. Florentino Soplo de impávida sed Arranca fresco susurro al palmar de mi caney, donde la tierra callada va de merced en merced de la pata al samán a la orilla del jagüey: palo que supo florear, pozo soñando correr. El Diablo Pozo soñando correr. No le envidio al agua inmóvil su marchita limpidez, de dos en dos sus yaguazos, sus garzas de cien en cien, desamparada su luna, pensativa su mudez, desierto de los verdores sin vacada ni corcel. Florentino Sin vacada ni corcel. Mi rumbo no me lo cambian presagios de mercader. Yo camino con la estrella, lirio de luz y de fe: aliento de eternidad aspiran los que la ven. El Diablo Aspiran los que la ven cuando va dejando al irse servidumbre de volver, penitencia de alumbrar sin saber dónde ni a quién. La eternidad es de todos como el odiar y el querer, tan sombra como la vida, tan dolor como el laurel. Florentino Tan dolor como el laurel Dolor dan las coplas desnudas si matan su verdecer, más no las que alzan en mayo bucare y araguaney. Defiendo lo que tocó lucho por lo que soñé. Andante de mi destino, por serle fiel a lo fiel, en brasero de lo humilde vi la luz de la altivez El Diablo Vi la luz de la altivez. Rozador de la amargura talo el fondo de mi ser. Mi sino es quitar si dieron y dar, cuando nadie dé, ceniza en la llamarada, brazas en la palidez. Por mí espigan en suspiro el olvido y el desdén y aduermen la frente amante cojines que eternicé. Florentino Cojines que eternicé. Reniego de esos alardes que no me importa saber. Razón despierta a las cinco belleza a golpe de seis, cuando bendicen la vida en la majada la grey y en la cumbrera del rancho la seña azul del café. El Diablo La seña azul del café. Ay, catire Florentino, trovador del terraplén, que soñó quitar pesares y le quitaron la fe, que quiso ser toro altivo y lo enyugan como al buey, apréndase desde ahora lo que le falta saber: que bajo el cielo marchito tan sólo el oro y la miel alivian para el quién sabe el suspiro de tal vez. Florentino El suspiro de tal vez. Esas nubes no hacen sombra si caminan por sus pies el que nunca cuenta males porque contó con su bien, y el mejor cuento lo guarda para contárselo a usté cuando descorra sus lutos la noche de Santa Inés y el alba prenda una rosa en el ojal del jagüey. El Diablo En el ojal del jagüey al vislumbrar su facundia, predije su impavidez de corsario entre los bravos marinos de mi bajel: varón para buen comando, buen vino y buena mujer, porque el destino le puso lauro de abismo en la sien. Florentino Lauro de abismo en la sien. De noche cuando transito plegarias de mi niñez, vuelan las avemarías con la garza del amén. Por si me quiere tentar, Yo soy como el diostedé, "que hace cruz en el agua para poderla beber". El Diablo Para poderla beber. A ese pájaro mendigo ojalá nada le den: como a mí de los maizales le abran mazorca sin mies, como yo que sienta el río y nunca se sacie en él. siguiendo el trazo del humo que como azogue lo atrajo le salgo por otro rumbo a ver si topa el atajo.
  • Ahora verán, señores

    Ahora verán, señores.

    Florentino A ver si topa el atajo. Si registró el clarinete, no me toque el contrabajo, ni me suenen esos platillos como carreta en cascajo, que todo renglón no es verso ni rimas son conchas de ajo, ni el secreto del repique es guindarse del badajo. El arte es hasta en el cielo disciplina sin relajo: si un arcángel desafina ya el director se distrajo. El Diablo Ya el director se distrajo pensando en los humoristas de escofina y estropajo que a quien la cara bajó lo apodan "escarabajo", al vizconde, "conde bizco", y "amarra ajos" al marrano. De esos necios pergaminos yo arrugué más de un legajo. Aunque me vista de nuevo respeto el ajeno andrajo: Cuando canto con un hombre con el grito lo encorajo, con la audacia lo sacudo, con el numen lo aventajo; lo venzo y no lo abochorno, lo castigo y no lo ultrajo Florentino Lo castigo y no lo ultrajo. Yo en refriegas no torturo, pero tampoco agasajo: si no le echo plomo al tigre, me come el tigre el atajo, y cuando no halla un becerro me atropella el zarandajo. Si usted es quien me atosiga con mis golpes a destajo, ¿qué culpa voy yo a tener si en el retruque lo rajo! Contraje mi obligación, la misma que usted contrajo: fajármele frente a frente, frente a frente, me le fajo. Zamuros de la Barrosa del alcornocal de abajo, les presento al pescador que nunca saló el tasajo. Ahora verán, señores, al diablo pasar trabajo. El Diablo Al diablo pasar trabajo. No mienta al que no conoce ni finja ese desparpajo, haciéndose el que no duele el filo con que lo sajo; mire que por esa tierra no es primera vez que viajo, y aquí saben los señores que si las uñas encajo lo disperso lo reúno, lo entero lo desmigajo, lo cuajado lo derrito, lo derretido lo cuajo al mismo limón chiquito me lo chupo gajo a gajo. Florentino Me lo chupo gajo a gajo. Usté que se alza el copete y yo que se lo rebajo. No se asusten, compañeros, déjenlo que yo lo atajo; déjenlo que suelte el bongo, pa que coja agua abajo, déjenlo pará rodeo que yo se lo desparpajo, déjenlo que pinte suertes, yo sabré si le barajo. Déjenlo encajar las uñas que yo me las desencajo. Déjenlo alzar la cabeza, que va a salir cabizbajo. Antes que Dios amanezca se lo lleva quien lo trajo; adelante el caballo fino, atrás el burro marrajo. ¡Quién ha visto dorodoro cantando con arrendajo! Cuando talla briscas de oro el madrugador fanal, si me cambió la consonante yo se lo puedo cambiar.
  • Ecos lejanos repiten

    Ecos lejanos repiten.

    El Diablo Yo se lo puedo cambiar. los graves y los agudos a mí lo mismo me dan, lo mismo son en tiniebla, muchedumbre y soledad. A quien dejó lo infalible soñando luz del quizá, a quien la paz sin la gloria cambió por gloria sin paz, ¿qué mucho es rimar querella con el nunca o el jamás? Florentino Con el nunca o el jamás. Su aguijón no me zahiere ni me emponzoña su mal, ni en escombros su despecho me arredra su adversidá. Porque este pasaje suyo es como el del gavilán que aguaitando la perdiz se topó el águila real; y en el pleito que tuvieron el águila pudo más con el pico que le puso el que le dio majestá y las alas invencibles de quien le enseñó a volar. El Diablo De quien le enseñó a volar. ¡Ay!, catire florentino, cantor de pecho cabal, ¡qué tenebroso el camino que nunca desandará! por negra orilla del mundo donde ni suspiros hay, ni vuela la corocora, ni susurra la torcaz. Sin alero ni rescoldo, sin luna ni morichal, sin alante, sin arriba, sin orilla y sin atrás, donde olvida patria y nombre el que ya no puede hablar. Florentino El que ya no puede hablar. A nadie le ando escondiendo mi estatuto personal: mis bienes son lo que doy y mi nombre el que me dan, domiciliado en mi huella, soltero y mayor de edá. Cuatro alambradas del cielo alinderan mi heredad y unen la manga del viento al Oriente con mi alar. Mi cruz son el horizonte Y el rumbo de mi alazán, mis expedientes las nubes, mi archivo la inmensidad; mi renta silbo y tonada, caminos mi capital: pagué lo que anduve y debo los que quedan por andar El Diablo Los que quedan por andar le toca trocarlos hoy con mi rejo en el bozal, por la ley que dió la arena el rumbo del huracán. ¡Ay! catire Florentino, trovero de chaparral, ¿Qué vale no querer irse en voz de quien ya se va? ¡Qué delito hay en la espina si uno se quiso espinar? ¡Qué son en la nada lóbrega verso y música fugaz, sino esperanzas que solas se desesperanzarán? ¡Qué son flechas del amor en la irredenta ansiedad, sino burlescas y tristes carcajadas del carcaj? Ya no valen su baquía, su fe ni su facultá, catire quita pesares, arrendajo y turpial. Tahures en mi tapete tiran sena y ¡siempre el as! Rebeldes hacia mi sombra no quieren y ¡siempre van! Florentino No quieren y siempre van. De andar solo esa vereda los pies se le han de secar, y se le hará más profunda la mala arruga en la faz, porque mientras llano y cielo me den de luz su caudal, mientras la voz se me escuche por sobre la tempestá, yo soy quien marco mi rumbo con el timón del cantar. Y si al dicho pido ayuda Aplíquese esta verdá: que no manda marinero donde manda capitán. El Diablo Donde manda capitán usted es vela caída, yo altivo son de la mar. Ceniza será su voz; rescoldo de muerto afán, sed será su última huella, náufraga en el arenal, humo serán sus caminos, piedra sus sueños serán, carbón será su recuerdo, -lo negro en la eternidá- para que no me responda ni se me resista más. Capitán de la Tiniebla es quien lo viene a buscar. Florentino Es quien lo viene a buscar. Mucho gusto en conocerlo tengo señor Satanás. Zamuros de la Barrosa salgan del Arcornocal tíñanse las alas negras con lebruna claridá, de esa que mana el Oriente cuando se vuelve el rosal, que al Diablo lo cogió el día queriéndome atropellar y le falló la malicia con el último compás. El Diablo Con el último compás Ni el arte le dará escudo ni rezos lo salvarán. Vampiros sobre la frente -vivo y lóbrego antifaz- el presagio del abismo en el luto del callar, ya lo aguarda el centinela de la "Doliente Ciudá". Mire sus señas sombrías En el fúnebre portal. Florentino En el fúnebre portal lindero de su garita quédese con su guardián, que la ley no da tutela no haciendo minoridá, y yo soy el ruletero de mi envite y de mi azar. Le abrí parada al destino, pero no perdí jamás ni el clavel del arrebol ni el tapiz del arenal, ni del mantel de mi mesa el limpio don de mi pan: porque regué con sudores la siembra del buen soñar; y si caminé de noche sé que vale mucho más un segundo de lucero que siglos de oscuridá. El Diablo Que siglos de oscuridá. Los remolinos del río ya suenan bajo su alar: antes que el agua le llegue suspire el adiós fatal. Despídase de la luz Y medite a suspirar: si gime el mal en tiniebla, ¿quién alumbra la maldá? Despídase del amor y pregunte al suspirar: en cordajes del ensueño, ¿quién templa el bordón del ¡ay!? Despídase de la fe y medite al suspirar: ¿qué delito es la mentira si lo triste es la verdá? Despídase de las horas y recuerde al suspirar que a quien penó por lo eterno penas lo eternizarán. Despídase de la cruz y no piense al suspirar Florentino Y no piense al suspirar. Sácame de aquí con Dios, Virgen de la Soledá, Virgen del Carmen bendita, sagrada Virgen del Real, tierna Virgen del Socorro, dulce Virgen de la Paz, serena Virgen de Lourdes con tu fuente por altar, Virgen de la Coromoto. Virgen de Chiquinquirá, Señora de la Corteza que en cedro esculpes tu faz, piadosa Virgen del Valle, santa Virgen del Pilar, Virgen de peña Admirable, Patrona del Manantial, Fiel Madre de los Dolores, dáme el fulgor que tú dás. ¡San miguel dame tu escudo, tu rejón y tu puñal! ¡Niño de Atocha bendito! ¡Santísima Trinidad! En compases de silencio Negro bongo que echa a andar. ¡Salud, señores! El alba bebiendo en el paso real!

    Ecos lejanos repiten:

    ¡Santísima Trinidá!


Tomado del libro: 
De la tradición y el mito a la literatura llanera. Tercera edición: corregida y ampliada
Autor: Temis Perea Pedroza

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